
Uno debiera tener
siempre una ventana…
Una ventana ingenua
que pintara largos sueños.
Con una tiza de inocencia que cubriera
las sonrisas que se rompen de los gestos.
O tal vez…
Tener tan sólo una cortina (verde/alga)
que al abrirse en la colina
nos trajera,
lo que el nido nos esconde
entre la rama.
Yo tejería esa ventana, si pudiera…
O quizá, la usara
como adorno en la pestaña
para abrirla cada vez que algo me duela,
o cada noche si divago
en la nostalgia.
O en los brazos que traslucen
si recuerda,
que un amigo en la distancia
nunca falta.
Tal vez, así…
Me haría menos aire, menos ave,
y más humana,
en la imagen que bosqueja sin quererlo
mi delirio y mi cordura
por ser agua.
Pero habría de tener muy ancho el beso
y el abdomen con mil rostros de tristeza
O quizá, el pelo negro, el ojo tuerto…
U otras manos, de otros dedos, y más caras…
Para ser en los reflejos que adormezco,
lo que soy, más lo que adentro
...no me alcanza.
(Sidel Zeissig, Guatemala)


1 comentario:
Cada vez que te leo, creo que la palabra se reinventa, al unísono de los esquemas creativos. Existe tanta naturaleza en tus palabras que se hace dificil no asumirlas. Es por eso que el volúmen de las mismas nos comprime y nos delata. Eres tan natural como un comienzo.
Y tan sencilla como todos los finales. Todos tenemos que tener una ventana para poder analizar todo lo que no escribimos. Tremendo escrito.
Felicidades por escribir así.
Un saludo.
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