miércoles, 8 de agosto de 2007



VOCES

Hay voces en mí que hablan más fuerte que otras, voces de solista
voces que se pasean por los andenes aguardando la llegada de trenes que se detuvieron a recoger pasajeros en estaciones que ya no existen;
voces rescatadas de hogueras y precipicios,
de prisiones y crepúsculos,
voces que hablan idiomas aprendidos en otras navegaciones, en otras infancias
voces que señalan objetos extraviados en los desagües del tiempo

A veces hablo con esas voces que no dicen nada importante,
voces de seres del invierno y del otoño.
A veces todas las voces hablan al mismo tiempo
pero siempre hay voces que hablan más fuerte y más claro que otras

Poderosas voces sin plumajes ni arreboles,
voces de ausencia,
voces desnudas de voces,
voces que se invocan unas a otras,
las voces de los que no pudieron o no quisieron entrar
voces que no descansan, que residen, que pueblan todas las demás voces,
voces de arlequines arrinconados, voces de niños gordos, voces maltratadas por espíritus corrientes
voces de mujeres abandonadas en laberintos sin entrada ni salida,
voces mancas, cojas, golpeadas, mudas, abandonadas, absurdas, descalzas, quemadas en el rostro,
voces mutiladas por la ciencia y la virtud,
las voces de galleta y pastel de los obesos mórbidos, su ternura hipercalórica
las voces de los que llevan el corazón al zurcidor chino una vez por semana,
las voces de los que no caben en ninguna parte porque son demasiado o muy poco,
voces que vienen desde estrellas enanas,
las voces de todos los que no dejan entrar a la fiesta,
las voces de los que juegan en Primera B,
las voces de mis vecinas, que se presentan como primas
pero que en el ascensor se miran y no se miran de un modo que no admite conjeturas;
la voz del Pato, al que se lo hicieron en patota
porque a los maricones les gusta que se lo metan;
la voz alucinada de Carlitos, gran maestro en el arte de conseguir cigarrillos sin dinero
(que en alguna sobremesa de clínica me contó sobre la gran fortuna que ha amasado con su cadena de supermercados en Transilvania);
la voz de mi compañero agonizando en una celda
porque el capitán quería corroborar que detrás de cada mirista había una señorita

Hay voces en mí que hablan más fuerte que otras, voces que un día cualquiera comienzan a mirarse a los ojos unas a otras
y ya no son solistas ni levantan polvo de andenes
y empiezan a esperar trenes repletos de otras voces diferentes pero iguales
que se detienen en estaciones inventadas durante el camino.
Son voces rescatadas de hogueras y precipicios, de cruces y naufragios,
de prisiones y crepúsculos,
voces que hablan idiomas aprendidos en otras navegaciones, en otras infancias
voces que tienen heridas en sus heridas,
voces que vienen a buscar los objetos que extraviaron en los desagües del tiempo

1 comentario:

Anónimo dijo...

Este blog me parece una maravilla. La selección de textos, la postura ante la vida, el discurso sin grietas. Aunque los singulares modos de decir delaten sus identidades ante quien ya los conoce, ambos integran la honesta contundencia de quienes asumieron la misión. Los quiero mucho. Norma