domingo, 29 de julio de 2007

El silencio es la peor de las derrotas.
Callarse, bajar la voz, arrodillarse ante uno mismo, ante los otros, ante las bestias, es enterrar la vida, darla sepultura como si se tratara de un pájaro muerto.
Callarse, hablar bajito, rendirse ante el delirio de lo cotidiano es entregar la victoria a los que no sueñan, a los que no aman, a los que visten de luto sus corazones.
Callarse, amordazar la palabra, cantar para adentro, a medias, de costado, es definitivamente, el más perverso de los fracasos.