jueves, 9 de agosto de 2007


bom-bom
Toma mi mano y déjame sentir tu presencia transparente, encontrándose nuestras miradas magnéticas para detenerse juntas un instante disparando rayos láser en línea recta. Murmuras algo al cielo rozándose tus pestañas de curvas peligrosas. ¿Qué te ocurre? Me das la espalda. Me pareces como sumido en un letargo abrupto, mágico. Puedes contarme tu secreto y yo prometo disimular una sonrisa, puedes tararear tu canción favorita mientras yo te sigo con el bom-bom. ¿Qué te ocurre?. Carcajada. El momento se acerca cariño. Bajemos la verde colina mientras pensamos en llegar a un punto en que una piedra fría, tosca y reluciente dé con nuestra cabeza, dispersando en el aire plagado de gases multicolores y galácticos un sonido sordo, chispeante. Lejos, un arbusto con rosas sin espinas. Mirada. Sonrisa. Esperemos en la vuelta que se aproxima mientras observamos el piso, ver por última vez el cielo plagado de arco iris brillantes dispersados uniformemente, convirtiendo el espacio exterior en una pasta de colores y luces y destellos luminosos. Toma mi mano, reza con migo. Para que se acabe de pronto la ladera de pasto puntiagudo y pinchante, para descender levitando por un precipicio de fauces desconocidas, como una especie de animal hambriento y casi extinto, con la necesitad de devorarnos lentamente para triturarnos después su estómago apestante y nauseabundo, convirtiéndonos en una masa blanquecina, espesa, de entrañas húmedas y jugosas.
Puedes gritar, estoy junto a ti.

(Tamara Jofré, Chile, 16 años)

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